Asma

El asma es una enfermedad muy frecuente en el mundo, que ha aumentado los últi­mos años en los países occidentales y se ha relacionado con el desarrollo industrial

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¿Que es el asma?

El asma es una enfermedad del aparato respiratorio, crónica, es decir, de difícil curación, en la que los bronquios están inflamados y se obstruyen al paso del aire, por su respuesta irritativa frente a distintos estímulos del ambiente y que da lugar a síntomas como tos, apretamiento en el pecho, pitos, falta de aire o ahogo. La intensidad de estos síntomas es muy variable y cambia a lo largo de los días y de los meses.

 

¿Es frecuente el asma?

El asma es una enfermedad muy frecuente en el mundo, que ha aumentado los últi­mos años en los países occidentales y se ha relacionado con el desarrollo industrial. En España afecta aproximadamente al 5 % de la población adulta y al 10 % de los niños, aunque la frecuencia varía bastante entre áreas geográficas, con un mayor predominio en zonas de costa. Esta variación depende de factores hereditarios, del medio ambiente y de las características sociales de la población.

 

¿En qué edades se presenta el asma?

La mayoría de las veces el asma comienza en las primeras etapas de la vida. Casi en la mitad de los casos, se inicia antes de los 10 años de edad. Después de los 40 años es menos frecuente su inicio. Hasta los 15 años, la padecen más los niños, que las niñas, en una proporción aproximada de 3 a 1. En la edad adulta, pasados los 40 años, esta proporción se invierte, afectando más a las mujeres que a los hombres.

 

¿Por qué aparece el asma?

En el asma hay unos factores de riesgo, que favorecen o son la causa de padecer la en­fermedad. Entre ellos está el componente hereditario, que explica que un alto porcenta­je de personas que padecen asma tengan algún familiar directo que también la sufran o la hayan sufrido. Un niño cuyo progenitor padece asma tiene mayor probabilidad de padecer la enfermedad, que aumenta si la sufren tanto el padre como la madre.

Otros factores de riesgo que aumentan la probabilidad de tener asma son: el fondo o predisposición alérgica, la obesidad, la rinitis, los relacionados con la etapa del naci­miento (nacimiento prematuro, nacimiento por cesárea, tipo de lactancia, dieta o taba­quismo de la madre) y también los factores ambientales (alérgenos, infecciones respira­torias, ser fumador activo o pasivo).

Existen también unos factores desencadenantes que son los responsables de que apa­rezcan los síntomas y el empeoramiento del asma como son la contaminación ambien­tal o en el trabajo, el humo del tabaco, los cambios climatológicos como el frío o calor in­tensos, las emociones (risa, llanto, pánico, etc.), el ejercicio, las infecciones respiratorias y la ingestión de algunos medicamentos como el ácido acetilsalicílico y antiinflamatorios. Estos factores tienen mucha importancia porque las medidas a tomar para evitarlos son fundamentales en el tratamiento del asma.

Síntomas del asma

Independientemente de si el paciente ha experimentado su primer ataque de asma recientemente o haya sido asmático durante muchos años, podrá experimentar los síntomas que le detallamos a continuación:

  • Tos: Una tos persistente es un síntoma de asma común. La tos puede ser seca o húmeda (que contiene moco). Puede empeorar por la noche o después del ejercicio. Una tos seca crónica, sin otros síntomas de asma, puede ser un síntoma de asma variante de la tos.
  • Sibilancias: La sibilancia, como su propio nombre indica, es un silbido que generalmente ocurre cuando exhalamos. Ocurre cuando el aire pasa forzado a través de pasajes de aire estrechos. Las sibilancias son un síntoma de asma reconocible, pero si se presentan por sí solas no tiene porque ser sinónimo de padecer asma. De hecho, también puede ser un síntoma de otros problemas de salud como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la insuficiencia cardíaca congestiva (ICC) y la neumonía.
  • Respiración dificultosa: El paciente puede presentar dificultades para respirar con normalidad a medida que sus vías respiratorias se inflaman y se estrechan. El moco puede llenar estos pasajes estrechos y empeorar la constricción de las vías respiratorias. La dificultad para respirar puede provocar sentimientos de ansiedad, lo que puede dificultar aún más la respiración.
  • Opresión en el pecho: A medida que los músculos que rodean las vías respiratorias se contraen, es posible que el pecho se contraiga. Esta situación se puede ilustrar con una cuerda que oprime la parte superior de pecho. Esta opresión en el pecho puede dificultar la respiración y provocar sentimientos de ansiedad.
  • Fatiga: Durante un ataque de asma, el paciente no está recibiendo suficiente oxígeno en sus pulmones, lo que significa que entra menos oxígeno en su sangre y en sus músculos. Sin oxígeno, aparece la fatiga. Si sus síntomas de asma empeoran por la noche (asma nocturna) y tiene problemas para dormir, es probable que se sienta fatigado durante el día.
  • Aleteo nasal: El destello nasal es la dilatación y el estiramiento de las fosas nasales durante la respiración. A menudo, es un signo de dificultad para respirar. Este síntoma de asma es más común en niños pequeños y bebés.
  • Suspiros profundos: Suspirar es una respuesta fisiológica natural que involucra que los pulmones se expandan a su capacidad máxima. Suspirar es una respiración profunda y una larga exhalación. Debido a que el asma puede estrechar el flujo de aire en su cuerpo, puede suspirar para que entre o salga el exceso de aire de su cuerpo.
  • Ansiedad: La ansiedad puede desencadenar un ataque de asma, pero también puede ser un síntoma de un ataque de asma. A medida que sus vías respiratorias comienzan a estrecharse, su pecho se tensa y la respiración se vuelve más difícil. Estos síntomas pueden generar ansiedad. La imprevisibilidad de un ataque de asma también puede crear ansiedad. Estar en una situación estresante puede desencadenar síntomas de asma en algunas personas.

 

Primeros signos de advertencia de un ataque de asma

No todos los que tienen asma experimentan ataques de asma, pero hay síntomas tempranos a un ataque de asma:

  • Tos severa.
  • Dificultad para respirar.
  • Opresión en el pecho.

Síntomas severos de un ataque de asma

Si un ataque de asma es grave, puede ser una emergencia que incluso puede poner en riesgo la vida. Un adulto o un niño que tiene un ataque de asma debe acudir a urgencias si la medicación de alivio rápido no funciona después de 10 a 15 minutos, o si aparece alguno de los siguientes síntomas:

  • Labios, cara o uñas descoloridos (azules o grises); síntoma de cianosis.
  • Dificultad extrema para respirar, en la que el cuello y el pecho pueden “succionarse” con cada respiración.
  • Dificultad para hablar o caminar.
  • Confusión mental.
  • Ansiedad extrema causada por dificultad para respirar.
  • Fiebre de 38° C o superior.
  • Dolor de pecho.
  • Pulso rápido.

Seguir un tratamiento adecuado y llevar un estilo de vida saludable puede ayudar a las personas asmáticas a controlar su enfermedad. Conocer sus síntomas y sus patrones permite planificar las respuestas a cada síntoma y ataque. Este conocimiento, además, hace que el paciente esté más seguro cuando experimenta algunos de los síntomas descritos.

 

Cuándo acudir al doctor

Siempre que se experimente una primera aparición de síntomas de asma, se debe consultar al médico. El médico de cabecera determinará si derivar o no el caso a un especialista. Es importante consultar con el doctor cuando experimentamos síntomas de asma que no sean graves pero que no remitan al utilizar los medicamentos o herramientas de las que se dispongan para mejorar el asma.

El médico clasificará la gravedad del asma y seleccionará el mejor tratamiento para cada caso concreto. Debido a que el grado del asma puede evolucionar con el tiempo, es importante visitar a un médico con regularidad para ajustar el tratamiento en consecuencia.

Ante ataques de asma hay que llamar de forma inmediata a urgencias para ser tratado con la mayor agilidad.

Tratamiento para el asma

¿ES NECESARIO TOMAR MEDICAMENTOS SI NO SE TIENE UNA CRISIS?

El asma es una enfermedad crónica con un tratamiento farmacológico asociado como pueda tener un paciente con hipertensión arterial, por lo que, aunque no se tengan sínto­mas, es de vital importancia tomar la medicación prescrita por el médico para disminuir el riesgo de padecer un ataque de asma. Dependiendo de los síntomas que se presenten, el asma se trata con más o con menos medicamentos, incluso puede haber momentos en los que llega a desaparecer la enfermedad y no es necesario tomar ninguno, siempre de acuerdo con el médico y el plan de automanejo que se haya acordado.

Reconocer los síntomas de asma y cómo usar la medicación es clave para que el asma mejore, se puedan realizar las actividades que el paciente se proponga, y que tenga una buena calidad de vida.

 ¿PARA QUÉ SIRVEN LOS MEDICAMENTOS QUE HA MANDADO EL MÉDICO?

El tratamiento farmacológico es importante para controlar el asma y prevenir las recaí­das que suelen acabar con el paciente en el centro de salud o en Urgencias del hos­pital, también para prevenir la obstrucción crónica de las vías aéreas y para disminuir la mortalidad.

Escalones en el tratamiento del asma

¿Los asmáticos toman los mismos tratamientos? ¿De qué depende que se usen más o menos inhaladores?

El tratamiento del asma es escalonado. Se debe iniciar en el escalón que se considera más apropiado para cada paciente. El objetivo es alcanzar un control rápido y mante­nerlo subiendo de escalón cuando éste sea insuficiente y bajando cuando el control sea adecuado con la mínima medicación posible. Es importante que, antes de subir de es­calón, se revise con el médico, enfermero o farmacéutico, si utiliza correctamente el in­halador y cada cuanto tiempo se utiliza, porque puede pasar que, mejorando la técnica de inhalación o utilizando las dosis que recomiende el médico, se mejore la enfermedad sin necesidad de añadir ningún medicamento adicional.

Una vez conseguida la desaparición de los síntomas, para bajar de escalón, se reco­mienda un periodo de estabilidad de los síntomas de al menos tres meses. Durante la reducción del tratamiento se debe valorar periódicamente (por ejemplo, cada tres meses) el control de la enfermedad por el médico.

En función de la sintomatología del asma, si no se tiene bien controlada la enfermedad, esto es, se presentan síntomas como la tos, falta de aire durante el día, la noche o después de un esfuerzo, se utiliza la medicación de rescate más de 2 veces a la semana, no se puede llevar una actividad normal (como ir a trabajar, al colegio, hacer ejercicio, etc.), o se piensa que no se cumplen las expectativas que se tenían respecto al tratamiento de tu enferme­dad, habría que subir los escalones terapéuticos necesarios para controlar la enfermedad.

Los escalones terapéuticos relacionan la medicación a utilizar en función de la gravedad de los síntomas que se tienen. Se comienza con los medicamentos de alivio o rescate, que son los b2-agonistas de acción corta (SABA) inhalados (por ejemplo, el salbutamol). Estos medicamentos producen una relajación de la musculatura lisa de las vías aéreas, permitiendo que se respire, disminuyendo la sensación de presión en el pecho y la tos. Son de acción rápida, y se utilizan para parar un ataque de asma. Cuando se usa medicación de alivio más de 2 veces a la semana, es señal de que el asma no está bien controlada, y es hora de que se acuda al médico para que ajuste el tratamiento a la nueva situación en la que el paciente se encuentra. Es habitual que cuando éste vea a su médico, enfermero o farmacéutico, y se hable sobre la enfermedad, le pregunte con qué frecuencia utiliza la medicación de alivio, ya que es un signo para saber si está siendo realmente efectiva.

Cuando la medicación de alivio no es suficiente, se utilizan medicamentos de control o mantenimiento que se administran a diario durante periodos prolongados: previenen los ataques de asma e incluyen: los glucocorticoides inhalados (por ejemplo: budesó­nida, fluticasona, beclometasona, ciclesonida, mometasona, etc.), que reducen la infla­mación de las vías aéreas, disminuyendo los síntomas del asma, mejorando la calidad de vida y la función pulmonar; los b2-agonistas de acción larga (LABA) inhalados (por ejemplo: formoterol, salmeterol, vilanterol, etc.), que actúan relajando la musculatura lisa de las vías aéreas pero con una duración de acción de 12 horas tras una dosis; los antagonistas de los receptores de los leucotrienos (ARLT), como montelukast, que actúan disminuyendo la acción de los leucotrienos (sustancias que favorecen la con­tracción de la musculatura de las vías aéreas y favorecen la inflamación); el tiotropio inhalado, fármaco broncodilatador; la teofilina, fármaco broncodilatador y con efecto antiinflamatorio; los anticuerpos monoclonales anti IgE (omalizumab), que actúan dis­minuyendo la liberación de mediadores inflamatorios y broncoconstrictores; y los gluco­corticoides por vía oral (por ejemplo: prednisona o prednisolona), que sólo se utilizan cuando el asma es grave y durante el mínimo tiempo posible.

 

¿Cómo se tratan las crisis de asma?

Cuando aparecen o empeoran las molestias (tos, pitos, fatiga u opresión en el pecho) en horas o días u ocurre lo mismo con la función pulmonar (algunas personas con asma lo comprueban en su domicilio soplando en unos aparatos sencillos, llamados medidores de flujo espiratorio máximo), se está iniciando una crisis o ataque de asma.

Cuando el paciente detecte un empeoramiento, debe actuar de forma inmediata, para ello es necesario que sepa valorar cuál es la gravedad y qué tiene que tomar o hacer.

¿Cómo se mide la gravedad de una crisis?

Las crisis se clasifican en leves, moderadas o graves.

  • En las leves las molestias son poco intensas, pueden aparecer con las actividades de la vida diaria, pero no impiden realizarlas. Se produce una pequeña caída de la función pulmonar.
  • En las moderadas, las molestias son más intensas e impiden realizar algunas activi­dades habituales, incluso pueden aparecer sin hacer nada, sobre todo por la noche. La caída de la función pulmonar es mayor que en las leves.
  • En las graves, las molestias aparecen en reposo, incluso impiden hablar con normali­dad. La caída de la función pulmonar es todavía mayor. Ocasionalmente, son tan gra­ves que hacen que los labios se pongan azules y que el nivel de conciencia disminuya.

¿Cómo se trata la exacerbación de asma?

Crisis leves: el tratamiento empezará en casa tomando la medicación de alivio (un bron­codilatador de acción rápida) e iniciando el plan de autotratamiento, que normalmente será aumentar la dosis de los medicamentos de control, habitualmente corticosteroides inhalados. Cuando se compruebe mejoría (de las molestias y de la función pulmonar) no serán necesarias otras medidas.

Las personas que no tienen un plan para actuar en estos casos y las que no responden al tratamiento inicial, deberán acudir a su centro de Atención Primaria o a un servicio de Urgencias. El tratamiento será inicialmente el mismo (broncodilatadores de acción rápida) repetido cada 20 minutos.

Cuando la respuesta es buena, desaparecen las molestias y la función pulmonar me­jora bastante, se irá para casa con un tratamiento que puede incluir corticosteroides orales durante unos días. Cuando la respuesta no es buena, persisten las molestias o no mejora la función pulmonar, se le mandará al servicio de Urgencias de un hospital, como si fuese una crisis moderada.

Crisis moderadas: Se debe iniciar el tratamiento, donde se esté, con un broncodilatador de alivio (4 inhala­ciones seguidas, preferiblemente con una cámara de inhalación); cuando la respuesta sea buena y se disponga de un plan de autotratamiento para actuar en estos casos, lo seguirá en su domicilio.

En los casos en los que la respuesta no sea buena o no se disponga de un plan de au­totratamiento, se deberá acudir a un servicio de Urgencias hospitalario. El tratamiento será el mismo que en las crisis graves, por lo que se explicará en el apartado siguiente:

Crisis graves: Se debe acudir a un hospital, pero al mismo tiempo se debe iniciar el tratamiento to­mando un broncodilatador de alivio (4 inhalaciones seguidas, preferiblemente con una cámara de inhalación y repitiéndolo cada 20 minutos) y, cuando la crisis es muy grave, algunos pacientes tomarán una dosis de un corticosteroide oral que tendrán indicado en su plan de autotratamiento.

En el hospital, después de una valoración de las molestias y de la función pulmonar, se iniciará el tratamiento poniéndole oxígeno, dándole broncodilatadores de alivio (nor­malmente de dos tipos) con cámara o en nebulización, y corticosteroides orales o en inyección. Cada media hora volverán a hacerle una valoración de las molestias y de la función pulmonar. Dependiendo de la respuesta, le darán o no más dosis de los bron­codilatadores, y entre una y tres horas después, los médicos decidirán darle de alta o ingresarlo en el hospital.

 

A parte de usar medicamentos, ¿qué se ha de tener en cuenta para mejorar la salud?

Control ambiental

¿El tabaco perjudica al asma? ¿Qué puedo hacer si soy alérgico para disminuir las posibilidades de tener un ataque?

Fumar es especialmente dañino para las personas que tienen asma, ya que la inhala­ción del humo irrita los pulmones y provoca el estrechamiento de las vías respiratorias.

Los pacientes con asma fumadores presentan síntomas más graves, peor respuesta al tratamiento y una pérdida acelerada de la función pulmonar; además, son un factor de riesgo para desarrollar asma en niños de madres que fuman durante el embarazo. La exposición al tabaco ambiental se asocia con un incremento en la incidencia del asma y la dificultad para respirar en niños en un 20 %. El consumo de tabaco puede hacer que el tratamiento con glucocorticoides inhalados y sistémicos sea menos efec­tivo y reduce la probabilidad de controlar el asma. Si se quiere dejar de fumar, se debe consultar al médico, enfermero o farmacéutico: se tendrán más posibilidades de éxito para dejarlo, existen métodos adecuados para conseguir la cesación tabáquica y, con ayuda, siempre es más fácil.

Si el asma es de origen alérgico, es importante evitar todo contacto con la causa que lo produce: polen, ácaros, pelo de animales, etc.

Conocer la concentración de polen existente en cada momento es crucial a la hora de evitar una exposición de riesgo. En España existe una Red de Aerobiología (http://www. uco.es/rea/) con un elevado número de estaciones colectoras que dan información de­tallada sobre la cantidad y tipo de polen en casi todas las zonas.

Dicha información está al alcance de tu mano, gracias a las nuevas tecnologías. Existen diferentes aplicaciones móviles que informan sobre las concentraciones de los pólenes al instante, permiten realizar un seguimiento de los síntomas y conocer si se está toman­do medicación para controlar los síntomas (por ejemplo: Polen Control, Alergoalarm o Alerta Polen).

Si se tiene asma es mejor que, en vez de ácido acetilsalicílico, ibuprofeno, naproxeno, etc., se utilice paracetamol para la fiebre y el dolor, porque se puede desarrollar una intolerancia en algún momento de la vida que pueda afectar al desarrollo de la enfer­medad. Si el paciente tiene alguna duda sobre qué medicamentos puede tomar, ha de consultar al farmacéutico

Inmunoterapia con alérgenos

¿Las vacunas para la alergia son eficaces para el asma?

Cuando el asma esté producido por pólenes, ácaros y animales, se pueden utilizar las vacunas como tratamiento preventivo, disminuyendo la sintomatología, o como trata­miento curativo, modificando la evolución del asma.

Vacunación antigripal y antineumocócica

¿Por qué me tengo que vacunar si tengo asma?

La vacunación de la gripe en pacientes con asma, adultos y niños, y la vacunación del neumococo para pacientes asmáticos de más de 65 años pueden ser interesantes para prevenir los ataques de asma producidos por infecciones de virus.

En Clínica Otosalud somos especialistas en el tratamiento del Asma

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